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¿Qué pasa cuando morimos?

Aunque a la mayoría de nosotros no nos gusta confrontarla, nadie debe enfrentarse a la muerte preguntándose qué es, y qué sucede después de que muramos. En este post, voy a utilizar la Biblia como la fuente más importante de información. Además, usaré otras herramientas para tratar de entender y aprender el proceso de morir y la vida después de la muerte; todo desde un punto de vista espiritual.

 

Todo el mundo sabe que va a morir, pero nadie quiere hablar de ello. La mayoría de los seres humanos vivos reflejan distintas emociones cuando se acerca la muerte. Aunque hay variaciones en cómo los diferentes grupos religiosos la ven, la mayoría de nosotros cree que el cuerpo, y sus funciones, no determinan quiénes somos; el alma sí lo hace. Después de todo, es el espíritu que llevamos dentro el que determina nuestra humanidad. Para aquellos que creen en la existencia del alma, morimos cuando esa parte invisible de nuestra dualidad se separa del mundo de lo natural. En el mundo espiritual que habitaremos a partir de ese momento, no necesitaremos ni el cuerpo ni sus funciones.

 

Todos los humanos mueren de la misma manera. Las escrituras nos dicen que "nuestros cuerpos fueron hechos del polvo, y al polvo regresarán." El proceso de morir comienza cuando el cuerpo deja de responder a las instrucciones dadas por el espíritu, o el alma. Si quieres, puedes llamarlos la mente subconsciente. Es entonces cuando nuestro cuerpo ya no es capaz de realizar sus funciones naturales – el corazón deja de latir, y los pulmones cesan de respirar. La comunicación más visible de nuestro espíritu con el mundo material es a través de la respiración y el latido del corazón. El alma se manifiesta a través de estos órganos. En consecuencia, cuando el alma se separa del cuerpo, estas funciones cesan. La parte corpórea se daña y se descompone mientras el espíritu se independiza llevando consigo todos los componentes de nuestra personalidad. Los pensamientos, los afectos, el amor y todas esas cosas imposibles de detectar con herramientas físicas son lo que nos hacen humanos. En ese momento, se dice que la persona ha muerto. Esta afirmación es verdadera para aproximadamente el 13% de la población del planeta que no cree en la vida después de la muerte. Para ellos, los muertos están muertos para siempre. Para el resto de nosotros, la persona sigue viviendo, más activa que nunca. La resurrección de Jesús demuestra que hay vida después de la muerte.

 

En mi opinión, ni los católicos, ni los cristianos, ni los musulmanes, tienen la concepción correcta de lo que sucede cuando morimos. El 65% de los habitantes del mundo no entienden el proceso por el cual pasa nuestra esencia, quienes somos, nos separamos del mundo natural para pasar a una dimensión trascendente. Nuestra humanidad se mueve de un mundo material a uno espiritual. Morimos en uno, y nacemos en el otro. En el verdadero sentido, la palabra "muerte" debe significar el renacimiento o, simplemente, la continuación de la vida. El renacimiento en ese nuevo mundo no suspende ninguna de nuestras funciones mentales. La esencia de lo que somos, nuestra conciencia, permanece intacta. Jesucristo nos dijo lo que pasaría. Nos habló de las mansiones que el creador nos había preparado; lugares donde todos seremos eternamente felices, incluso si no recordamos quiénes éramos o con quienes interactuamos cuando vivíamos en el mundo natural.

 

Algunos estudiantes de la muerte y de la otra vida afirman que, después de la separación, el alma permanece en el cuerpo por unos momentos, como si estuviera dormida, hasta que nuestro creador, a través de sus ángeles, la despierta para guiarla fuera del cuerpo e introducirla al mundo espiritual. Mientras tanto, las personas que mueren no son conscientes de su estatus actual; no sienten que han muerto. Permanecen así durante varias horas, hasta que otros espíritus y ángeles los convenzan de esta nueva realidad y los preparen para abandonar el cuerpo. En ese momento, la persona fallecida siente como si una fuerza poderosa lo estuviera jalando.

 

Eventualmente, se da cuenta de que quien lo saca del cuerpo no es otro que Dios mismo. Este es el momento en que tiene lugar la transición de este mundo al nuevo.

Hasta ese momento, no podemos percibir en qué clase de mundo hemos nacido. Todo lo que percibimos son nuestros pensamientos cubiertos por una oscuridad patente. De repente, vemos la luz, literalmente, y permitimos que los mensajeros de Dios nos conduzcan a las "mansiones" prometidas por Jesucristo. Al fin reconocemos que hemos abandonado el mundo natural y debemos adaptarnos a este nuevo mundo incorpóreo donde perdemos todas nuestras habilidades físicas, pero recuperamos nuestros poderes espirituales. Este es el momento en que descubrimos que siempre fuimos espíritus prestados a un cuerpo. A partir de ese momento, nuestra alma sentirá amor puro y no permitirá acciones o pensamientos que no sean nobles, buenos y generosos. Somos uno con nuestro creador.

 

En el Antiguo Testamento, el deceso del cuerpo se describe de manera diferente, son nuestras acciones las que determinan quiénes somos. Seol es el lugar donde reside el alma hasta el momento en que Jesús regresa para resucitar a los muertos. Sin duda, Jesús no dudó de la existencia del más allá. Su muerte nos dio esperanzas. Su resurrección, y su promesa de la nuestra, nos dicen que hay vida después de la muerte. Cuando Jesús nos cuenta la historia del hombre rico y el mendigo que mueren y van a un lugar donde está el padre Abraham, no está hablando de la presencia de Dios. El sitio descrito es diferente, es un lugar intermedio donde las almas esperan el día del juicio, cuando serán sentenciados. Muchos estudiantes bíblicos creen que este es el paraíso al que Jesús se refirió cuando le dijo al ladrón que "hoy, estarás conmigo en el paraíso".

 

Muchos cristianos creen que cuando mueren, van inmediatamente a la presencia de Dios donde serán juzgados y enviados a su destino: el cielo o el infierno. Los católicos son de la misma opinión, pero tienen una opción adicional: si son buenos, van al cielo; si son malvados, van al infierno; si no son ni buenos ni malos, van al purgatorio, que es un lugar donde van por un tiempo indefinido hasta que pagan por sus pecados y luego pueden ir al cielo. Los testigos de Jehová, por otro lado, creen que cuando mueren, sus cuerpos y sus almas caen en un sueño permanente, hasta el gran día del juicio final. Hasta entonces, sus muertos estarán descansando en sus tumbas sin conciencia ni percepción de lo que está sucediendo. Una pequeña minoría (2%) cree que se convertirán en fantasmas. Para algunos otros, los espíritus permanecen en las residencias donde transcurrieron sus vidas humanas, atormentando esos lugares.

 

Hay una cantidad muy pequeña (2%) de personas que ven a Dios como un diseñador y creador súper inteligente que vive fuera del universo, equidistante de todos los lugares y tiempos, en un reino donde no hay tiempo, materia, o espacio.  Estos creyentes creen que, inmediatamente después de su muerte, van a habitar un gran edificio – Dios – ubicado en otra dimensión, donde billones de almas viven en "mansiones" asignadas de acuerdo a cómo se comportaron mientras ocupaban sus cuerpos mortales. Desde sus nuevas moradas, las almas podrían decidir su destino trabajando arduamente en la mejora de sus cualidades espirituales para acercarse a Dios, o en volver a la tierra para habitar otro cuerpo con el fin de aprender nuevas lecciones. Esta última parte es la base para el 6% de la población que cree que será reencarnada. Estos creyentes sienten que volverán a la tierra para vivir una existencia distinta reencarnados en un cuerpo diferente, incluso un animal.

 

Para millones de personas, todo el ciclo consiste de tres etapas: 1) Comienza cuando nacemos y termina cuando morimos; 2) renacemos en una comunidad habitada por almas similares a la nuestra, basada en las acciones de la persona mientras vivía en forma humana; 3) la vida espiritual eterna en sus comunidades asignadas, o la vuelta a la vida mortal para comenzar un nuevo ciclo de aprendizaje. Dios es el padre de los espíritus que, en el punto de la concepción, coloca un alma en el nuevo cuerpo. Esta teoría se basa enteramente en Eclesiastés 12:7, que dice: "entonces el polvo volverá a la tierra como era, y el espíritu volverá a Dios que lo dio." También considera las palabras de Jesús cuando les dijo a los apóstoles: "en la casa de mi padre hay muchas mansiones. Iré a preparar un lugar para ustedes." ¿Se refiere a las mansiones en las que despertaremos después de que muramos?

Las controversiales diferencias entre unas y otras creencias están marcadas por las interpretaciones que sus defensores aplican a los mismos textos bíblicos.

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