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María Magdalena: ¿Prostituta? ¿Discípula? ¿Esposa?

October 22, 2017

 

Si lees Lucas 7:36-50, y Lucas 8:2, no es difícil concluir que María Magdalena era una prostituta. En el capítulo 7, Lucas describe a una mujer "pecadora", presumiblemente una ramera, lavando los pies de Jesús con aceite y lágrimas. En el capítulo 8, la menciona por su nombre, diciéndonos que María Magdalena es la mujer "de quien habían salido siete demonios". Luego, en Marcos 16:9, se encuentra la misma descripción cuando escribe que Jesús apareció por primera vez a "María Magdalena, de quien había echado siete demonios". Si añadimos a estas menciones el hecho de que ella no estaba relacionada con otros: hija de…, hermana de…, esposa de... Era simplemente María Magdalena o María de Magdala, una designación que implicaría prominencia en su ciudad natal. En los cuatro Evangelios canónicos, María Magdalena es mencionada una docena de veces. Allí, es confundida erróneamente con casi todas las mujeres de la Biblia; la única excepción es la madre de Jesús. Nada en las Escrituras sugiere que haya sido una prostituta, una adúltera, o incluso una mujer promiscua.

¿A qué se debe entonces que se le haya adjudicado el apelativo de prostituta varios cientos de años después de su muerte? ¡Fácil! Pongamos a Lucas y a Marcos juntos, añadamos el hecho de que ella no estaba vinculada a otras personas, y obtendremos el guion, escrito siglos después por el Papa Gregorio I. El máximo representante de la iglesia católica la condenó por lujuria y por todos los demás pecados capitales, y la pronunció como una prostituta arrepentida. A partir de ese momento, el "magdalenismo” aparece en obras de arte de todo tipo. María Magdalena ha sido representada casi siempre con sus senos al descubierto, con vestiduras de colores brillantes, en su mayoría rojas, simbólicas de pasión. A tal punto, se ha establecido su reputación de ramera que incluso hoy, después de haber sido santificada, Santa María Magdalena se ha convertido en la patrona de las "damas de la noche", y existen muchos asilos construidos en su nombre, dedicados a lograr que las prostitutas abandonen su profesión. Finalmente, a través del trabajo de muchos eruditos en todo el mundo, su nombre y reputación están siendo rectificados. En los tiempos modernos, el caso de María Magdalena sería uno de falsa identificación.

Hay muchas pruebas bíblicas y extra bíblicas que la califican como discípula. Con certeza podemos decir que era una mujer judía que viajó con Jesús y sus apóstoles durante los años de su Ministerio. Se cree que es una de varias mujeres afluentes, seguidoras de Jesús, contribuyentes financieras al apostolado del Señor. Además, la Biblia nos dice que ella presenció la crucifixión, el entierro y la resurrección de Jesús. En el Evangelio de María, un texto Gnóstico descubierto en 1896, María es exaltada por encima de los discípulos varones de Jesús. En el Evangelio de Juan, es evidente que la mujer descrita como el "discípulo amado" es María Magdalena. Además, hay una tradición en las Iglesias Ortodoxas Orientales que establece que María Magdalena era una mujer tan casta que Satanás pensó que ella era la que daría a luz al Cristo Redentor y por eso envió siete demonios para poseerla y enfermarla. Estas iglesias ven a María como una discípula dedicada. En otros textos apócrifos, es interpretada como la discípula a la que Jesús “amó más que a los demás.” Otros eruditos presentan la idea de que María Magdalena sea la discípula anónima de Juan. También la describen como fundadora y líder del movimiento cristiano. En el Pistis Sophia, una escritura gnóstica del siglo 2do, Jesús contesta 64 preguntas de sus discípulos; 39 de esas preguntas son presentadas por María Magdalena, corroborando su estatus como un prominente representante de los apóstoles. Se dice en esos textos, que tiene una comprensión tan profunda de las enseñanzas de Jesús que ella es la elegida para impartirlos a los otros discípulos.

Aparte de la madre de Jesús, María Magdalena es la única mujer honrada por la iglesia católica con la recitación del Gloria en la celebración de su día festivo. Durante los siglos XII y XIII, el título de Apóstol de los Apóstoles, adjudicado por la iglesia católica romana, pasó a ser de uso común. Esta designación se basa en el mismo Jesucristo, quien dice (Comentario de Hipólito de Roma sobre el Cantar de los Cantares), "soy yo quien quería enviarte a estas mujeres como apóstoles". Para corroborar estas aseveraciones, el Papa Juan Pablo II, en su carta apostólica de 1988, reconoce el papel especial de María Magdalena en relación a su presencia en la tumba vacía de Jesús, y anunciando la verdad de Su resurrección a los otros apóstoles. Ella y las otras mujeres, discípulas activas del Salvador, demostraron coraje y valor durante la pasión. Mientras que los apóstoles varones se escondían en los sótanos de Jerusalén, estas valerosas mujeres, lideradas por María Magdalena, fueron fieles al Señor hasta sus últimos momentos. La validez histórica del papel prominente de María Magdalena en el acontecimiento más importante del cristianismo no puede ser refutada. ¡No hay duda! Ella merece, con toda razón, el título de Apóstol de los Apóstoles.

Es diferente cuando intentas demostrar que Jesús pudo haber estado casado con María Magdalena. Muchos notables eruditos, especialistas en el cristianismo antiguo, dicen que la pregunta más formulada en sus disertaciones es si María Magdalena y Jesús estaban casados. La Biblia no nos da indicaciones al respecto. Si la estudias con sumo cuidado, puedes encontrar algunas evidencias, pero son en su mayoría circunstanciales. Todas las pistas que apuntan en esa dirección provienen de fuentes apócrifas especulativas. Por ejemplo, en la mayoría de los relatos relacionados con la resurrección, sin duda el acontecimiento más importante del cristianismo, María Magdalena es siempre representada como un actor destacado. En la narrativa de la crucifixión, los cuatro Evangelios canónicos la describen más en el papel de una esposa que en el de una prostituta o discípula. En el Evangelio de Marcos (15:40, 15:47, 16:1, 16:9), el nombre de María Magdalena aparece de primero cada vez que se menciona, por delante de la madre de Jesús. Esto es una indicación cierta de su importancia entre los seguidores del Cristo.

El Evangelio Gnóstico de Felipe, aunque no fue incluido en el Canon, nos da evidencia histórica acerca de los primeros cristianos. Nombra a María Magdalena como la compañera de Jesús, no discípula. También describe la relación entre ella y Jesús como la de marido y mujer. Mas aun, este antiguo documento describe las tensiones entre María Magdalena y Pedro como causadas por el afecto especial que Jesús demostraba por ella. María Magdalena es descrita como la persona que mantuvo una relación especial con el Señor, y en virtud de esa relación, el Señor le entregó conocimientos secretos, negados a los otros apóstoles. Como historia inventada era poco probable ya que esta era la época en la que la gran mayoría asumía que los hombres eran superiores a las mujeres. Además, hay un fragmento de papiro copto donde Jesús dice: "mi esposa, ella será capaz de ser mi discípula." Los relatos de los evangelios canónicos con respecto a la tumba vacía, son diferentes entre sí en cuanto al número de ángeles, de participantes, sus identidades, y algunos otros detalles. Son coherentes en cuanto a que María Magdalena era quien estaba dirigiendo a las mujeres que descubrieron el sepulcro desocupado. Además, concuerdan en que ella fue el primer testigo de la resurrección de Jesús, y el principal portador de las buenas nuevas. Este es un papel que puede ser mejor entendido si se piensa que Jesús es el marido que aparece ante su esposa, antes que a cualquier persona (Juan 20:1, y Marcos 16:9). La pregunta lógica nos mortifica. Si mueres y tienes la oportunidad de resucitar de entre los muertos, ¿quién sería la primera persona a la que te aparecerías? El Salvador resucitado decidió presentarse primero a María Magdalena, lo que no es sorprendente si pensamos que estaba emocionalmente atado a ella.

Pedro de Vaux de Cernay, un monje cisterciense, repitiendo información contenida en textos cátaros, escribió entre 1212 y 1218, que Jesús era un demonio y María Magdalena era su concubina. Añadiendo a la polémica, en 1449, la Catedral de Angers recibió un regalo del rey René Anjou: la Ánfora de Caná en la que Jesús realizó el milagro de cambiar el agua en vino. María Magdalena fue, presumiblemente, la dueña que la trajo de Judea donde tuvo lugar su boda y la regaló a las monjas de Marsella, quienes más tarde la vendieron al rey. No sólo eso, en la mayoría de las obras de arte donde se muestra la crucifixión, María Magdalena es el espectador más frecuentemente encontrado, siempre expresando la mayor muestra de dolor, la de una esposa llorando por su marido.

Presentada con tanta evidencia, ¿por qué no es recordada por su papel de esposa o discípula? Es justo lo contrario. La reputación de María Magdalena ha sido tan manchada a lo largo de los siglos que la mayoría de la gente la recuerda, erróneamente, como una prostituta arrepentida. Ahora, la modernidad ha asumido el control. El Papa Gregorio I no es relevante para los cristianos de hoy. Las acusaciones de prostituta que tuvo que llevar por años han sido corregidas. Su verdadero personaje, bíblicamente hablando, ahora está brillando con perfecta claridad para tomar su legítimo lugar como fundadora del cristianismo y como su líder principal. Las iglesias cristianas deben su existencia a una líder independiente que por fin está emergiendo intensamente como una devota seguidora del Señor, a pesar de sus discrepancias con Pedro.

Mary Magdalene: The Lord’s Wife by Ignazio Giuseppe (pronto en español) es un libro recientemente publicado donde Alice Peterson, quien dice ser María Magdalena en una vida anterior, describe su papel como esposa y seguidora de Jesús.

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