¿QUE DICE LA BIBLIA ACERCA DE LA REENCARNACIٗÓN? 15MAY2020



Me gustaría iniciar este post con algunas preguntas: ¿Crees que hay vida después de la muerte? ¿Crees que has vivido una vida anterior? ¿Sientes que lo que eres hoy es el resultado de haber sido creado por Dios, quien te hizo a Su imagen y semejanza? ¿Podría ser que eres parte de un sistema donde la vida es un círculo interminable? La mayoría de las personas, más del 90%, independientemente de sus creencias religiosas, están seguras de que hay vida después de la muerte. Sin embargo, cuando se trata de saber lo que le sucede al alma cuando el cuerpo físico muere, ni los cristianos ni los no cristianos tienen una respuesta definitiva. Durante miles de años, la reencarnación ha sido una creencia popular para millones de personas. Para ellos significa renacer en una entidad física diferente, o incluso inanimada. ¡Esto viene de fuentes paganas, no de la Biblia!  Un gran número de sectas religiosas plantean la reencarnación como el principio central de sus creencias, pero ninguna corrobora la existencia de un alma inmaterial, una versión inmortal de nosotros mismos que puede vivir independientemente del cuerpo donde reside. Creo que esto es lo que nos hace únicos en todo el universo; estamos hechos a imagen de nuestro Creador extrauniversal (Génesis 1:26-27). Esto significa que somos formados en la imagen de Dios; y, como él, tenemos un alma, algo que los animales y los objetos inanimados no tienen. El alma nuestra es perfecta como es, y permanece para siempre en el mismo estado inmaterial e inmortal.

Aquellos que creen en la reencarnación sostienen que, después de la muerte, sus almas regresarán a una vida física en el cuerpo de otra persona, nunca de ellos mismos, o en un animal, o incluso en una planta o una roca. Algunos de ellos, van al extremo de usar máscaras para evitar tragarse accidentalmente a un insecto o cualquier otra forma minúscula de vida que podría haber sido una persona en una existencia anterior.  Afirman que el alma va de una entidad física a otra en una procesión casi eterna, una siguiendo a la otra en una supuesta búsqueda de la perfección hasta llegar a un lugar de felicidad absoluta que llaman Nirvana. Esta afirmación contradice las Sagradas Escrituras, y es una de las razones por las que el concepto de reencarnación no es aceptado por la inmensa mayoría de los cristianos. Pensémoslo bien, si la reencarnación consiste en almas que van de una entidad a otra, ¿de dónde vino la primera alma? ¿A quién pertenecía? ¡Nadie había muerto todavía! Además, la población está aumentando exponencialmente, ¿de dónde provienen estas nuevas almas? Otra pregunta tiene que ver con el lugar adonde van las almas mientras esperan a ser transferidas a su nueva entidad. Durante la preparación de este post, entrevisté a algunos amigos budistas; ninguno me dio una respuesta satisfactoria, excepto en lo relativo a la inmortalidad del alma; en eso todos estuvimos de acuerdo.

¿Qué dice la Biblia sobre esto?

La Biblia no habla de la reencarnación. ¡Ni siquiera la menciona! Sin embargo, habla mucho de la resurrección y del juicio final. Para muchos, el Libro Sagrado da algunas indicaciones confusas sobre lo que sucede cuando morimos. ¡Aclaremos! Algunos versículos de las Escrituras dicen que los muertos no saben nada, que ni siquiera saben que murieron y están enterrados, lo que significa que cuando mueres, todo muere contigo.  Salomón escribió: "Los vivos saben que morirán, pero los muertos no saben nada; no obtienen ninguna recompensa, e incluso la memoria de ellos se olvida. Su amor, su odio y sus celos han desaparecido hace mucho tiempo; nunca más tendrán un papel en nada de lo que suceda bajo el sol" (Eclesiastés 9:5-6). No podía ser más claro: La Escritura declara que los muertos no saben nada. (Salmos 115:17, Salmos 6:5, Salmos 88:10-12). Además, "No se maravillen de esto porque llegará la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz, y saldrán; los que han hecho el bien, a la resurrección de la vida, y los que han hecho el mal, a la resurrección de la condenación" (Juan 5:28-29). Más aún, cuando Jesús regrese, "las trompetas sonarán y los muertos en Cristo se levantarán primero" (1Tesalonicenses 4:6).  "Porque no tendrán hambre ni sed... Y Dios borrará todas las lágrimas de sus ojos." (Apocalipsis 7:16-17). Estos versículos indican que, en el momento de la muerte, la persona, el cuerpo y el alma, se duermen y permanecen dormidos hasta el regreso de Jesucristo el Día del Juicio, cuando resucitaremos a una vida eterna (Daniel 12:2-3), en posesión de un nuevo cuerpo espiritual (1Corintios 15:35-38, 40, 42-44). El Libro Sagrado también enseña que Dios se llevará consigo a los que murieron creyendo en Jesús (1Tesalonicenses 4:13-14). En otro versículo, Dios nos advierte que "se designa que los hombres mueran una vez, pero después de esto el juicio" (Hebreos 9:27). La Biblia también habla de la resurrección (Juan 5:28-29). Aquí Jesús dijo: "No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en sus tumbas oirán Su voz y saldrán; los que han hecho el bien, a la resurrección de la vida, y los que han hecho el mal, a la resurrección de la condena." Usando como base estos pasajes, queda claro que todos moriremos en algún momento para luego, en una fecha no revelada, resucitar para ser juzgados. Aquí es cuando enfrentaremos la realidad de la muerte, sabremos que nuestra vida temporal ha concluido, y que vamos a comenzar una nueva vida eterna en el cielo, o en el infierno.

¡Ahora miremos otra versión! La Biblia enseña que, cuando mueres, el cuerpo vuelve a la tierra para esperar la segunda venida de Jesús, y "el espíritu regresa a Dios que fue quien lo dio" (Eclesiastés 12:7). Por lo tanto, cuando los cristianos mueren, sus cuerpos pueden ser enterrados, o incluso cremados, pero sus almas irán inmediatamente al cielo para reunirse con el Señor. Esto es confirmado por Jesús cuando le dijo al ladrón arrepentido que había sido crucificado junto con él: "En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lucas 23:43). Aquí, el Señor nos está diciendo que morimos y enfrentamos inmediatamente el juicio, y desde allí esperamos hasta el fin de los días.  "Pero nuestra ciudadanía está en el cielo, y desde allí, esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo" (Filipenses 3:20). Mateo confirma estas afirmaciones cuando nos dice que nuestras almas residen en un cuerpo temporal y mortal. Cuando ese receptáculo deja de existir, el espíritu parte al Paraíso para disfrutar de la felicidad eterna, o al infierno para ser condenado por toda la eternidad. Esto da a entender que nuestros cuerpos van a estar sepultados hasta que se produzcan la resurrección y el juicio final, mientras que nuestras almas serán juzgadas inmediatamente, e irán al cielo o al infierno en ese mismo instante. "Y se irán al castigo eterno, pero los justos irán a la vida eterna" (Mateo 25:46). El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que nuestros cuerpos físicos mueren, pero nuestras almas no. Nuestra personalidad, nuestra conciencia, no perece; es inmortal. Nuestras almas se separan del cuerpo al morir, son juzgadas inmediatamente y van al cielo (directamente o a través del purgatorio), o al infierno. El Catecismo establece claramente que las almas de los muertos reciben su recompensa o castigo eterno en el momento de la muerte, y se reúnen de nuevo con sus cuerpos cuando Cristo regrese, resucitemos, y el Juicio Final tenga lugar.

Algunos pasajes bíblicos se prestan a una interpretación errónea por aquellos que creen que van a volver, lo cual representa hasta un 44% de la población mundial. Los versículos que estos individuos señalan como evidencia para la reencarnación son los que asocian a Juan el Bautista con Elías (Mateo 17:10-12). Mateo vio a Elías reflejado en la persona de Juan el Bautista. No dijo que Juan el Bautista era Elías reencarnado, sino que habría cumplido con la profecía de la venida de Elías si el pueblo hubiera creído sus palabras y, por lo tanto, creyera también que Jesús era el Mesías. El otro pasaje utilizado para el mismo fin es uno donde el profeta se refiere a la venida de Elías (Malaquías 3:23). Ni Mateo ni Malaquías podían estarse refiriendo a la reencarnación porque Elías nunca murió. El profeta ascendió al cielo en un torbellino (2 Reyes 2:11). Además, el pueblo le preguntó a Juan el Bautista si él era Elías, y el Bautista respondió: "No, no lo soy" (Juan 1:21).  Con mucho, la explicación bíblica más documentada de lo que sucede cuando morimos nos dice que nuestros cuerpos van a ser sepultados y nuestras almas van a un lugar – Paraíso o Hades – para esperar el juicio final (Lucas 16:19-31). Jesús describió este lugar de espera cuando contó la parábola de Lázaro, un mendigo cubierto de llagas y de un hombre rico cuyo nombre no es mencionado.

Referencias similares pueden encontrarse en Lucas 23:43, Salmos 89:48, 86:13, 55:15, 49:14, 31:17, 30:3, 18:5 y muchos otros. Además, la Biblia muestra que toda la humanidad resucitará (no reencarnará) a una nueva vida (Juan 5:28-29). No se menciona que las almas de las personas saltarían de un cuerpo a otro, a través de sus largas vidas, y mucho menos que regresarían para residir en animales, plantas o incluso en objetos inanimados. La reencarnación, entonces, no es bíblica. Por el contrario, la Biblia nos da suficiente evidencia de que tal creencia no se ajusta a la palabra de Dios. Nuestro espíritu no va a regresar para vivir en otra persona, en un animal, en una planta, o en una roca. ¡Eso es todo! 

En mi opinión, no existe la reencarnación. Nadie ha reencarnado jamás. Aunque no creo que podamos reencarnar, consideraré el tema para aclarar mi posición al respecto. Admito que no sé lo que sucede en los miles de casos documentados en los que una persona cree que, en una vida pasada, él o ella era otra persona. La forma en que obtuvieron la información relacionada con la persona o entidad que dicen haber sido, me evade por completo. Para aquellos que han leído mi libro – Mary Magdalene: The Lord’s Wife  – (pronto disponible en idioma español) va a ser difícil conciliar los principios establecidos en el libro con mis creencias personales. En el libro, Alice Peterson (ahora McCallum), una joven corredora de bolsa de Brooklyn, Nueva York, se somete a una terapia de regresión hipnótica para tratar su diagnosticada depresión posparto. Durante las sesiones, reveló que, en una vida pasada, ella era María Magdalena. Bajo hipnosis, describió con precisión detalles cronográficos, geográficos e históricos, de su vida en los tiempos de Jesús. Enfrentada a preguntas tales como: ¿Fue Jesús un pobre carpintero nacido en Belén? ¿Tenía otros hermanos? ¿Creía que era el hijo de Dios? ¿Resucitó? Ella respondió a estas preguntas con una precisión impecable. Le contó al terapeuta todo lo relacionado con el lugar de nacimiento del Señor, su educación, estatus social, juventud, ministerio, juicio, crucifixión, sepultura y resurrección. También le habló de su boda, su hija, su ministerio y sus desacuerdos con Pedro. Mi trabajo consistió en escuchar las cintas, leer los reportes de las sesiones hipnóticas, entrevistar a la paciente y su familia, y luego traducir estos archivos médicos y entrevistas a una forma legible. Para muchos, este es un caso típico de reencarnación. Investigué la información revelada por la Sra. McCallum durante la regresión, y comprobé que era precisa; incluso cuando sus revelaciones contradijeron la Biblia. Aunque no puedo explicar cómo obtuvo la información que reveló durante la hipnosis, estoy seguro de que quienes creen haber reencarnado han logrado acceder con su mente a los recuerdos de personas fallecidas. En el caso de Alice, a la mente de María Magdalena. ¿Cómo lo hizo? ¡No tengo una respuesta! Cuando entrevisté a la Dra. Samantha Peterson, psicóloga clínica, hija de la Sra. McCallum, esta admitió libremente que cree en la sinceridad de su madre, pero de ninguna manera acepta su premisa de que vivió en los tiempos de Jesús y estaba casada con él. La misma conclusión fue alcanzada por su exesposo Robert Peterson, quien me dijo que su exesposa era una persona honesta que cree sinceramente que, cuando muera, irá al cielo para reunirse con su esposo Jesús.

La Biblia enseña que la vida, temporal y eterna, transcurre desde el nacimiento a esta vida humana hasta la muerte física del cuerpo. Luego vienen la resurrección en el juicio final y la vida eterna en el cielo si hicimos el bien, o la condenación eterna si no lo hicimos. Las almas de todos los muertos están en el cielo en este momento (Apocalipsis 6:9-11). Son conscientes de que no hay nada que puedan hacer para cambiar cualquier evento en la vida de los que aún viven, pero saben que el plan de salvación de Dios está en pleno progreso. Los cristianos debemos vivir confiados de que quienes hemos creído en las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo “están lejos del cuerpo y en casa con el Señor" (2 Corintios 5:8). Para mí, este futuro es mucho mejor que tener que regresar un número infinito de veces. Resucitar en un cuerpo espiritual eterno para estar en la presencia de Dios y de Su hijo Jesucristo es un prospecto muchísimo mejor que cualquier conjunto de creencias religiosas creadas por los hombres. ¡Como cristianos, no puede haber dudas: la reencarnación no es bíblica y debe ser rechazada como falsa!

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