LA MISERICORDIA Y EL PERDÓN DIVINOS II 12Febrero2021




La lista de acontecimientos en los que Dios mostró Su disgusto con la forma en que iban las cosas, o no le gustaba el individuo o las personas involucradas, y decidió eliminar a los que consideraba culpables de Su desagrado, es muy larga. Tal vez, no podía matar selectivamente y por ello tuvo que incluir humanos y animales inocentes en esas masacres. La lista de eventos es más larga de lo que esperaba. Escribí este nuevo post para terminar la lista y luego darles un número aproximado con respecto a la cantidad de personas que murieron a manos de Dios. Es posible que tenga que escribir un tercer post, tal vez más, para intentar incluir a la mayoría de ellos.


Los hijos de Aarón: El libro de Levítico (10:1-2) nos cuenta una extraña historia acerca de Dios quemando hasta la muerte a los dos hijos de Aarón porque hicieron una ofrenda no autorizada a Nuestro Padre. Estos bien intencionados chicos decidieron, por sí mismos, ofrecerle a Dios una mezcla de madera y especias, que incluía incienso. A Dios no le gustó el olor o el hecho de que los muchachos no pidieron Su permiso para encender el fuego. Moisés se disculpó con Aarón al explicarle que Dios quemó a sus hijos para "ser santificado en ellos" (Levítico 10:3). Espero que Aarón haya recibido el consuelo de Moisés con agrado porque le advirtió que no llorara la muerte de sus hijos o Dios también lo mataría, junto con toda su familia y amigos cercanos (Levítico 10:6).


Apedreado hasta la muerte por "blasfemia": En esta historia, la Biblia relata que dos individuos estaban luchando por algo, y uno de ellos maldice el nombre de Dios. Moisés lo lleva a Dios para ser juzgado, y el Padre decide matarlo a pedradas a manos de la congregación. Los hijos de Israel hicieron lo que Dios les mandó y lo apedrearon hasta que murió (Levítico 24:11-23). No se atrevieron a desobedecer a Dios y arriesgarse a una muerte similar.


Murieron por quejarse: Los israelitas comenzaron a quejarse de su largo viaje a la tierra prometida con poca comida y agua. Dios los escuchó y decidió castigarlos severamente. La Biblia no dice cuántas personas murieron porque Dios las oyó murmurar (Números 11:1b) quejándose de algo. No importaba. A Dios no le agradaron sus quejas (Números 11:1a) y los castigó quemándolos hasta que Moisés le rogó que se detuviera, lo cual Dios hizo (Números 11:2). Los sobrevivientes le agradecieron a Moisés; sin su intervención, miles habrían muerto.


Muertos por glotones: ¡La gente no aprende! Días después de que Dios quemara a muchos de ellos por quejarse, lo hicieron de nuevo. Esta vez por la falta de comida. No estaban contentos con el Maná; querían carne (Números 11:4-6). Moisés le rogó a Dios de nuevo, y el Señor envió cientos de miles (Números 11:31) de codornices para comer "hasta que les salgan por las fosas nasales" (Números 11:19-20). Dios les dio mucho más de lo que querían. Y, cuando no podían comer nada más, el Señor envió una plaga asesina que los devastó (Números 11:33).


Diez hombres murieron por decir la verdad: Moisés envió doce exploradores para explorar la "tierra prometida" y traerle un informe sobre lo que vieron (Números 13:17-18). Dos de ellos – Caleb y Josué – recomendaron atacar y desposeer a la gente allí (Números 13:30); los otros diez discreparon (Números 13:32-33). Los hijos de Israel creyeron la historia contada por los diez sobre gigantes que habitaban la tierra y decidieron regresar a Egipto (Números 14:1-4). Josué y Caleb describieron una maravillosa tierra de "leche y miel" (Números 14:6-8), pero la gente no les creyó y se mantuvieron firmes en su idea de regresar a Egipto. Después de una larga discusión entre Dios y Moisés, Dios decidió eliminarlos a todos, y Moisés argumentó en contra de esa determinación. El Señor decidió perdonarlos, incluidos Caleb y Josué, excepto por los diez exploradores que el Señor no indultó (Números 14:36-37).


Condenado a muerte por recoger astillas: Dios no lo mató por eso; lo hizo porque el hombre hizo su recolección en el día de reposo (Números 15:32). La congregación trajo al hombre a Moisés, quien le consultó a Dios. El Señor le ordenó que el hombre fuera ejecutado (Números 15:35). La asamblea siguió las instrucciones del Señor al pie de la letra.


Enterrados vivos por oponerse a Moisés: Todo comenzó con Korah enfrentándose a Moisés (Números 16:3). Moisés, como en otros casos, era el amigo especial de Dios. El Señor les dijo a Moisés y a Aarón que se separaran del resto de la congregación porque haría que la tierra se los tragara (Números 16:20-12). Esto es lo que sucedió: Moisés amonestó a la congregación y ellos se le opusieron. Dios se sintió provocado por esta acción y actuó severamente contra ellos: la tierra abrió la boca y se los tragó (Números 16:23-30).


Dios los quemó vivos: En la masacre anterior, Dios enterró vivos a quienes contradecían a Moisés. Doscientos cincuenta de ellos lograron huir para evitar que la tierra se los tragara (Números 16:34). Moisés les dijo que quemaran incienso ante el Señor para ser escogidos y ser santos (Números 16:6-7). Dios no oyó la amonestación de Moisés al pueblo de Korah y envió un fuego que consumió a los 250 hombres que ofrecían la ofrenda de incienso (Números 16:35).


Murieron por protestar las masacres: Todo comenzó cuando Korah y sus seguidores cuestionaron el liderazgo de Moisés. Dios los castigó enterrándolos vivos. Doscientos cincuenta de ellos quemaron incienso para calmar al Señor y murieron consumidos por el fuego. La parte restante de la congregación murmuró que Moisés y Aarón mataron a personas fieles al Señor (Números 16:41). Dios, muy molesto, apareció en toda Su gloria y le dijo a Moisés que se separara de la congregación porque los consumiría en un momento (Números 16:42-45). Moisés le dijo a Aarón que quemara un poco de incienso para calmar a Dios. Fue demasiado tarde. Dios ya había enviado una plaga (Números 16:46), que mató a 4700 miembros de la congregación antes de que el incienso de Aarón lo apaciguara (Números 16:49).


La masacre de los Araditas: Cuando el rey cananeo Arad oyó que los israelitas intentaban invadir su país, luchó contra ellos y tomó algunos prisioneros (Números 21:1). Los israelitas pidieron la ayuda de Dios prometiendo destruir todas las ciudades cananeas si el Señor les entregaba una victoria (Números 21:2). Dios respondió dándoles lo que pidieron (Números 21:3a); así, los israelitas cumplieron su promesa y mataron a todos en varias ciudades cananeas (Números 21:3b).


Asesinados por mordeduras de serpientes: Los israelitas se quejaron a Moisés de la falta de comida y agua mientras caminaban hacia la tierra prometida. Estaban aburridos del maná, que era la única comida disponible para ellos en un viaje de 40 años (Números 21:4-5). Para conminarlos a que dejaran de quejarse, Dios envió serpientes escarlatas para morderlos, y muchos murieron (Números 21:6). Cuando la gente le pidió perdón a Dios y a Moisés, el Señor le ordenó a Moisés que fabricara una serpiente de bronce y la pusiera en un poste para que cuando una persona mordida la mirara, no muriera (Números 21:8).


El hombre que detuvo una masacre divina: La historia comienza cuando los israelitas comenzaron a tener relaciones sexuales con mujeres moabitas (Números 25:1). Esta acción enfureció a Dios lo suficiente como para decirle a Moisés que matara a todos los líderes y los colgara de los árboles (Números 25:3-4). Moisés contradijo la orden de Dios, ordenó que los líderes mataran a todos aquellos que tuvieron sexo con mujeres moabitas. Lo que cambia el curso de la historia es que mientras la congregación lloraba a las puertas del tabernáculo, a uno de los hombres le dio por tener relaciones sexuales con una mujer midianita frente a Moisés y la asamblea (Números 25:6). Mientras Dios enviaba una plaga para matarlos a todos por desobedecer Sus instrucciones, Phinehas tomó una lanza y atravesó la parte inferior de la espalda del hombre y el vientre de la mujer, empalando a ambos amantes simultáneamente (Números 25:7-8). Complacido por la acción heroica de Phinehas, Dios decidió detener la plaga cuando alcanzó unas 24 mil personas muertas (Números 25:8-9). El Apóstol Pablo contradice este número al afirmar que eran sólo 23 mil (1 Corintios 10:8).


En este punto, debo disculparme por haberme extendido tanto en este post. En ningún momento pude anticipar que la lista iba a ser tan larga. Ahora no puedo detener la investigación a mitad de camino; por lo tanto, tengan paciencia porque quedan muchas más muertes.

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