¿DIOS NOS QUIERE RICOS… O POBRES?


Cuando se les pide elegir entre ser rico o pobre, la mayoría de la gente prefiere ser rica. Simultáneamente, casi todas las escuelas del pensamiento moderno nos enseñan a diseñar nuestro futuro y decidir nuestro destino. Si lo anterior es cierto, ¿Cómo es que la mayoría (97%) siguen siendo pobres, mientras que sólo un grupo relativamente pequeño (3%) se hace rico? Dios mismo no puede ser más claro: "Porque conozco los planes que tengo para ustedes, planes para hacerlos prósperos, y no hacerles daño, planes para darles esperanza y futuro" (Jeremías 29:11). Sin embargo, si quisiéramos justificar la pobreza, no tendríamos que ir demasiado lejos: Santiago, el hermano de Jesús, escribió que Dios escogió a los pobres para ser ricos en fe, y señaló que son "los que heredarán el Reino..." (Santiago 2:5). Y entonces, Jesús dijo que el Reino de Dios pertenecería a los "indigentes" (Lucas 6:20-21).

Algunos predicadores predican un evangelio de prosperidad mientras que otros predican en la dirección opuesta. ¡Los dos están equivocados! Algunos, de ambos lados, abordan la pobreza como una enfermedad curable. Tenemos que decidir hacerlo. Es fácil encontrar versículos de las Escrituras para apoyar cualquiera de los extremos. La Biblia no enseña ni una cosa ni otra. Lo que si nos enseña es que tenemos libre albedrío. Nos da las herramientas para hacernos ricos o pobres. Si decidimos tener riquezas, pedimos a Dios por ellas y acompañamos nuestra petición con las acciones correspondientes. ¿Qué estoy haciendo para merecer la riqueza que estoy pidiendo? No veo a muchos rezando para agradecer a Dios por ser pobre.

¿Crees que vivir una vida de pobreza contribuye a que Dios nos acepte? Hay quienes quieren mantenernos pobres a cualquier precio. Es por eso que nos muestran un paisaje idílico de lo piadoso que es vivir en la pobreza, lo cual simplemente refleja sus planes diabólicos de dominación, poder, y riquezas. El punto que quiero hacer es que la prosperidad no es ni moral ni inmoral. Es amoral. Para mí, el dinero no es el enemigo; al contrario, es evidencia de que Dios nos quiere prósperos, independientemente de las razones por las cuales lo está haciendo. Yo argumentaría que el dinero no es la fuente del mal; el amor al dinero si lo es. La Biblia nos lo enseña con claridad: “Por qué el amor al dinero es la raíz de toda clase de maldad” (1 Timoteo 6:10). El deseo ardiente de acumular riquezas debe ser motivado por una misión spiritual, una meta digna, no la acumulación de dinero por sí mismo. Dios nos quiere ricos, siempre y cuando esas riquezas sirvan para cumplir con Sus propósitos. Nuestra misión debe ser crear productos o servicios para mejorar nuestra situación, la de nuestros familiares, y del prójimo, en ese orden.

”No me des ni pobreza ni riqueza, dame solamente el pan de cada día” (Proverbios 30:8). No debemos condenar la riqueza ni alabar la pobreza. Dios nos dio el poder de elegir a cualquiera de las dos. Lo que es común tanto al rico como al pobre es que “Dios creó a los dos” (Proverbios 22:2; Hebreos 11). Donde son diferentes es en la manera como usan sus talentos para realizar la obra de Dios. La Biblia contiene muchos versículos relacionados con el dinero. El sesenta y seis por ciento de las parábolas de Jesús hablan de eso. La mayoría nos enseñan que Dios es el dueño de todo (Salmos 24:1), nosotros somos solamente los administradores (Mateo 25:14-30), y que tenemos que ser fieles sin importar si somos ricos o pobres (1 Corintios 4:2). Miren con cuanta admiración Jesús se refiere a la viuda que regaló hasta su último centavo para contribuir a la obra de Dios (Marcos 12). A Dios no le importa cuánto damos. El observa nuestro corazón para ver cuánto amor le ponemos a lo poco o mucho que ofrendamos.

Algunos creen que Dios prefiere a los pobres y rechaza a los ricos. Un número similar de eruditos sostienen que pueden probar el punto de vista opuesto. Estoy del lado de aquellos que creen que la riqueza en este planeta está aquí para el disfrute de quienes adoramos a Dios. También creo que Dios nos dio libre albedrío para decidir qué tipo de vida queremos para nosotros y nuestras familias. Nuestro Creador nos dio todo lo que necesitamos para lograr lo que deseamos. No importa lo que sea. Algunos de nosotros decidimos tomar el desafiante camino hacia el éxito profesional y financiero; la mayoría de nosotros elegimos el camino fácil hacia la mediocridad y la pobreza. Dios siempre va a estar contigo en cualquiera de los dos.

En la parábola del hombre rico y Lázaro (Lucas 16:19-31), Jesús le habla a sus discípulos de la relación entre un hombre rico y un mendigo llamado Lázaro. Jesús refuerza la posición de aquellos que afirman que es mejor estar sufriendo aquí y ser muy ricos en la eternidad que ser ricos aquí para después sufrir los tormentos eternos del infierno. Si el hombre pobre tiene que sufrir los embates de sostenerse con un ingreso miserable durante su existencia terrenal para luego pasar una eternidad de disfrute y felicidad, parece evidente que ser pobre es mejor. ¿Qué son unos pocos años de dificultades financieras cuando lo que viene es una eternidad de gozo? Estos y otros ejemplos similares vienen a la mente para mostrar la enorme influencia de la religión en la pobreza perenne experimentada en todo el mundo, incluidos los países más ricos. La mala interpretación de estos textos religiosos es, en la mayoría de los casos, la razón por la que los pobres aceptan vivir en estas precarias condiciones, rodeados de sufrimiento y miseria en un mundo lleno de riquezas.

Por otro lado, el mismo Libro nos dice que todo lo que pidamos nos será concedido (Marcos 11:24; Mateo 7:7). Además, la Biblia está llena de ejemplos de individuos que lograron riquezas mucho más allá de lo que podemos imaginar. Algunos insuperables incluso para los estándares de hoy. Dos reyes, Salomón y David, vienen a la mente. Si el rey Salomón estuviera vivo hoy, sería más poderoso financieramente que los tres hombres más ricos del mundo juntos. Salomón no era particularmente virtuoso. ¿Cómo podría serlo? Tenía 700 esposas y más de 300 concubinas.

Determinar por qué tenemos ricos y pobres es un tema que ha fascinado a filósofos, pensadores, místicos y maestros a través de los años. Hay miles, tal vez millones, de personas que comenzaron sin un centavo, y ahora son tan ricos que no pueden gastar lo que tienen, aunque decidieran hacerlo. Hay tantos, que algunos de nosotros desearía saber cuál es la diferencia entre los exitosos y los que permanecen nadando en las aguas de la mediocridad y el fracaso. ¿Cuáles son los factores comunes que identifican a los ganadores?

La forma más fácil de ilustrar lo mencionado anteriormente es refiriéndonos a la "Parábola del Talento". La Biblia enseña que "a aquellos que tienen mucho más se les dará, y recibirán en abundancia. Por otro lado, los que tienen poco, incluso lo poco que tienen, les será quitado de ellos" (Lucas 19:26). ¿Qué significa eso? Cuanto más tengas, más recibirás o el dinero atrae dinero. Algunos afirman que lo normal es que los ricos se enriquezcan más y los pobres se vuelvan más pobres (Mateo 25:14-30; Lucas 19:12-28).

Es cierto, las personas con mucho dinero tienden a acumular más y a producir más para seguir ganando dinero. Sin embargo, los pobres viven día a día y, en la mayoría de los casos, mucho más allá de sus ingresos, dando validez a la enseñanza de la parábola de que perderá incluso lo poco que tiene. La consecuencia es que los que tienen mucho pueden ayudar más, y los que no tienen nada no pueden hacerlo. La posesión de riquezas no hace a una persona buena o mala. Una persona malvada seguirá siendo mala con o sin dinero. Una buena persona no va a dejar de ser buena porque tenga mucho dinero.

La mayoría de las personas en el mundo viven en la pobreza. No tiene que ser así. La Biblia nos da una respuesta, y es mucho más simple de lo que podemos imaginar: "Como piensas en tu corazón, así eres" (Proverbios 23:7). El mensaje es claro: la vida que vivimos es una consecuencia de nuestros pensamientos y, por ello, si queremos mejorar nuestras vidas, tenemos que comenzar a pensar pensamientos diferentes para que se alineen con nuestros sentimientos, con lo que sentimos en nuestro corazón. Tu nueva vida comienza con las palabras que te estás repitiendo continuamente.

A partir de aquí, tenemos que concluir que nuestro Creador nos dio la libertad de decidir nuestro destino. Podemos hacer que el universo obedezca nuestros mandamientos usando nuestros pensamientos siempre que los acompañemos con las acciones apropiadas. Incluso si nuestros sentimientos son diferentes a nuestros pensamientos, nuestra mente subconsciente reconciliará cualquier posible conflicto. Si siempre soñamos con lo que queremos llegar a ser y seguimos las acciones dictadas por nuestras mentes, esos sueños pronto se convertirán en realidad.

¿Qué tipo de mensaje te envías continuamente a ti mismo? ¿Estás prestando atención a esa voz interna que te critica, te juzga y te condena? ¿Esa voz que te dice que nunca lograrás tus sueños? ¿Qué siempre serás nadie? Tu autoevaluación interna se convertirá en tu realidad. Lo que piensas de ti mismo es lo que eres, y, mientras te sientas así, serás lo que siempre has sido. Tu crítica interna y tu juicio son los principales contribuyentes para sabotear tu éxito. Si entiendes ese mensaje, entonces tienes que decidir cambiar los pensamientos que estás enviando a tus sentimientos. Tienes que desafiarte a ti mismo para cambiar tu forma de pensar y superar tus miedos irracionales, que existen sólo en tus pensamientos, para que tu vida mejore.

En otras palabras, las personas exitosas llenan sus mentes con pensamientos positivos, comentarios e imágenes de prosperidad, salud y amor. Saben que la forma más rápida de lograr lo que desean es dándoles a los demás lo que quieren. Buscan soluciones a los problemas de otras personas porque saben que crean riqueza cuando encuentran respuestas. Cuando pensamos continuamente en algo, nuestra mente subconsciente se auto activa y nos alerta de cualquier situación, por irrelevante que sea, que pueda ayudarnos a lograr las cosas importantes en nuestras vidas porque así lo hemos decidido. Por ejemplo, si piensas que la mejor manera de ser rico es invirtiendo en bienes raíces, notarás todas las noticias que se refieren a este tipo de inversión. Cada anuncio llamará tu atención. La información siempre ha estado ahí, pero ahora la ves porque tu mente subconsciente está trabajando febrilmente en esa área. Y esto se debe a que has decidido pensar persistentemente en el logro de tus objetivos.

Tu mente subconsciente es incapaz de distinguir entre la verdad y la mentira o entre el bien y el mal. Dependiendo de lo que siembres, así será tu cosecha. Si piensas continuamente en tus sufrimientos y en tu pobreza, no es difícil imaginar a qué te llevarán los resultados de ese tren de pensamiento. Analiza por un momento, ¿Qué pensamientos dominan la mente de la gente pobre? Desafortunadamente, llenan sus mentes de escasez, incluso envidia, porque no tienen lo que otros tienen. Siempre piensan en sus desgracias o en lo poco dinero que tienen para satisfacer sus necesidades personales y familiares. Se concentran en lo poco que tienen y perpetúan la idea de que son y siempre serán pobres. Sus pensamientos de pobreza los llevarán a más pobreza. Los hará más pobres.

Por otro lado, las personas acomodadas piensan en lo que quieren y en lo fácil que es obtenerlo con los medios a su disposición. De todo esto, tienes que deducir eso, y si pensamos como lo hacen los ricos, nuestra mente subconsciente hará todo lo posible para reconciliar nuestros pensamientos con nuestros sentimientos. Un buen hábito que debemos cultivar es observar a las personas exitosas e imitar lo que hacen. Del mismo modo, debemos observar qué hacen los fracasados para evitar repetir lo que están haciendo.

Para dar seguimiento a estas ideas, decide lo que vas a pensar continuamente. Actúa y compórtate como si no hubiera dudas sobre cómo lograrlo, y no permitas que nadie hable de tu situación financiera actual o de la posibilidad de no alcanzar las metas que te has fijado. En lugar de decir, "este no es el momento adecuado para comprar un nuevo automóvil", pregunte, "¿qué tengo que hacer para permitirme comprar un auto nuevo?" A partir de ahora, elimina de tu vocabulario frases como "No puedo", reemplácelos por preguntas como: "¿Cómo puedo...? ¿Cuáles son mis opciones? ¿Cómo puedo ir desde donde estoy hoy hasta donde quiero estar? Hay tres cosas que puedes hacer para comenzar el glorioso viaje desde donde estás ahora mismo hasta dónde quieres llegar. La primera es soñar con los grandes sueños con los que siempre has soñado para ti y tu familia. Imagina lo que quieres ser, lo que quieres poseer y lo que quieres hacer como si no hubiera limitación alguna. La segunda es proyectarte hacia el futuro y, con los ojos de tu imaginación, verte viviendo en ese glorioso mundo. La tercera es que debes empezar hoy a escribir tu destino y decidir que nada, y nadie, se opondrá a tu decisión de alcanzar los objetivos que te has fijado.

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