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DIOS MALO  – VS – DIOS BUENO

6 Octubre 2020

Editor

Unas décadas después de la muerte de Jesús, una figura crucial en el desarrollo del cristianismo lideró un movimiento tan controversial que sacudió los cimientos del mundo cristiano. El obispo Marcion de Sinope, un filósofo del siglo II, y teólogo, nacido en Sinope, al norte de Asia Menor (actual Turquía) (45 D.C. – 160 D.C.), creía que había dos dioses: uno cruel y vengativo y el otro bueno y compasivo. Predicó que el Dios del Antiguo Testamento, el creador de Adán y Eva, el Dios del judaísmo, no era el Padre de Jesús. El Padre de Jesús es una deidad superior que envió a Su Amado Hijo al mundo. Supuestamente, el padre de Marcion, obispo de Sinope, consideraba que los puntos de vista de su hijo eran demasiado herejes e intolerables. Las reacciones de su padre a sus ideas le hicieron mudarse a Roma en 139, para unirse a la iglesia allí. Decidido a ser influyente en las decisiones de la iglesia romana, les hizo una donación de aproximadamente cinco meses y medio de salario de un soldado.

Durante su estadía en Roma, Marcion escribió sus obras más notables: El Evangelio de Marcion y Las Antítesis. Los marcionitas sostuvieron que el Dios del Antiguo Testamento – el Dios malo – no podía ser el Dios de Jesús, el Dios del Nuevo Testamento. Eran dos dioses distintos. Desarrolló sus creencias diteístas estudiando las escrituras hebreas de la época y los escritos apócrifos que circulaban en esos tiempos. Según las enseñanzas de Marcion, el Dios del Jardín del Edén creó el universo y diseñó un cuerpo de leyes para los judíos, donde la justicia principal dictaba castigar a la humanidad por sus pecados. Definió a este Dios como una deidad celosa que favorecía el sufrimiento y la muerte cuando impartía justicia. Esta deidad no es de ninguna manera el mismo Dios de compasión y amor predicado por Jesús, el que se preocupa por la humanidad y mira a los seres humanos con misericordia. Marcion creía y predicaba que las acciones del Dios del Antiguo Testamento eran incompatibles con las enseñanzas del Padre de Jesús, tal como las indicaba el Nuevo Testamento, lo que lo llevó a concluir que había dos dioses.

Marcion también insistió en que el cristianismo no estaba relacionado con el judaísmo en lo absoluto. Basó esta afirmación en las referencias de Pablo cuando se refería al Dios de las leyes del Antiguo Testamento y al evangelio de Jesús tal como se establece en el Nuevo Testamento. Fue un paso más allá al describir una creación donde el Dios judío del Antiguo Testamento creó el mundo, dio a los judíos sus leyes y los convirtió en su pueblo. Por otro lado, el Dios de Jesús vino a este mundo para liberar a la gente de ese Dios cruel y vengativo de los judíos. Apoyó sus puntos de vista con su “Evangelio de Marcion”, que consistía en su versión modificada del Evangelio de Lucas y diez de las cartas de Pablo. Los ancianos líderes de la iglesia romana encontraron sus ideas heréticas y despreciables y lo excomulgaron en el año 144 D.C. Debido a los conflictos creados por sus predicas de dos dioses, la iglesia romana decició devolverle la importante donación que había hecho.

Defendiendo la versión de su creación, desafió a la mayoría de los líderes de la recién creada iglesia cristiana y separó por completo a su iglesia del judaísmo. No dijo que las Escrituras judías fueran falsas; por el contrario, recomendó leerlas literalmente sin las habituales interpretaciones erróneas de las autoridades religiosas. Afirmó que aquellos que leyeran la Biblia de esa manera llegarían a la misma conclusión que él. Eran dos dioses. Enseñó a sus seguidores que el Dios del Génesis tenía un cuerpo físico y no era omnisciente, demostrando que no era el mismo Dios que engendró a Jesús. Entre sus enseñanzas, Marcion expresó que Jesús era hijo del Buen Dios, pero no en un sentido físico. Para Marcion, Jesús fue una creación divina, no humana en absoluto. Marcion creía que Jesús no era parte de este mundo material. Enseñó que el cuerpo de Jesús era una imitación, un fantasma; en consecuencia, su nacimiento, muerte y resurrección no le afectaron de ninguna manera. En esencia, creía que Jesús era un espíritu que había tomado una forma humana para vivir entre los seres humanos, pero que no era humano.

Descontento por las reacciones a sus prédicas, creó su propia Biblia. El Evangelio de Marcion, nombre con el que bautizó su obra, consistía de once libros: su versión modificada del Evangelio de Lucas y diez cartas escritas por el Apostol Pablo. La mayoría de los eruditos aseguran que Marcion editó intencionalmente los escritos de Lucas y Pablo para adaptarlos a sus ideas sobre como ocurrió la creación y la existencia de dos dioses. Su adaptación tuvo por objeto eliminar todos los comentarios que contradicen sus puntos de vista. En su obra literaria, Las Antítesis, contrastó el Dios del amor y la misericordia predicado por Jesús con el Dios judío de ira y venganza. Mientras que el Dios del Antiguo Testamento ordenó a los israelitas matar a sus enemigos, el Dios de Jesús les dice a sus seguidores que los amen. Sin embargo, algunos eruditos creen que los textos del Evangelio de Marcion no fueron editados sino que son una versión anterior de dichos textos. A diferencia del evangelio de Marcos, el Evangelio de Marcion no mencionó el nacimiento y la infancia de Jesús.

Marcion admiraba mucho al Apostol Pablo y seguía sus enseñanzas al pie de la letra porque creía que era el único apóstol que entendía el mensaje predicado por Jesús, y era el mejor intérprete de las enseñanzas del Salvador. En opinión de Marcion, Pablo fue la figura más importante del cristianismo. Como prueba de su afirmación, citó el Nuevo Testamento, que contiene 13 de las epístolas de Pablo. La admiración de Marcion por Pablo se originó en su diferenciación entre su mensaje del Evangelio y la ley judía. Pablo enseñó que no tenías que seguir las reglas del Antiguo Testamento para beneficiarte de la gracia de Dios; solamente debes tener fe en Cristo. Marcion fue más allá para concluir que el Dios que nos dio a Jesús no puede ser el mismo Dios que dio los mandamientos a los judíos. Es por eso que hizo de los testimonios de Pablo una parte central de su evangelio.

Cuando abandonó Roma, se fue a Asia Menor, donde liderió con éxito las muchas iglesias que siguieron las enseñanzas de su Evangelio de Marcion, donde proclamó que el Dios de la Ley y de los Profetas no es el Padre de Jesús. Al predicar el Evangelio de Marcion, la iglesia marcionita se expandió en gran medida, convirtiéndose en un adversario primario de la recién creada iglesia católica. Más de setecientas iglesias Marcionitas prosperaron en el Imperio Romano durante varios siglos después de la muerte de su líder. Sobrevivieron a la gran controversia motivada por las creencias de Marcion y la fuerte oposición presentada por la Roma imperial.

Desaforunadamente, los escritos del grupo no han sobrevivido a los estragos del tiempo. Encontramos su información en los muchos libros y panfletos escritos por sus antagonistas, los  padres de la iglesia, particularmente Tertuliano, quienes escribieron abundantemente sobre estos "heréticos". Tertuliano, Ireneo y Justin Martyr declararon hereje a Marcion. Del mismo modo, los cristianos protoortodoxos también se opusieron a Marcion. En su libro, Las Recetas Contra Los Heréticos, escrito en el año 200, Tertuliano reportó que Marcion se arrepintió de sus afirmaciones sobre dos dioses y accedió a recibir un perdón de la iglesia. Durante este proceso de reconciliación con la iglesia, murió. A pesar de los informes confiables que atestiguan el estricto celibato de Marcion, lo acusaron de promiscuidad. Sus acusadores no pudieron mostrar evidencia de su comportamiento "despreciable". Desde entonces, muchas de estas afirmaciones han sido desacreditadas.

Los pensamientos de Marcion no guardan relación con ninguna otra línea de pensamiento en el cristianismo. Para él, el Padre Celestial, el Padre de Jesús, no hizo el mundo. El Buen Dios no tuvo nada que ver con la creación de este mundo. Incluso hoy, sentimos la influencia de Marcion en el desarrollo del cristianismo ortodoxo. Su Evangelio de Marcion fue fundamental en el desarrollo del canon del Nuevo Testamento porque la iglesia cristiana primitiva se vió obligada a considerarlo durante el proceso de canonización. Muchos cristianos continúan comparando al Dios cruel y estricto del Antiguo Testamento con el Dios misericordioso del Nuevo Testamento. Muchos cristianos hoy en día creen que el Antiguo Testamento, la ley de Moisés, es para los judíos; en consecuencia, no tienen que obedecerlo.